Consejos para calmar las rabietas, (sin perder los nervios)

Escrito por la redacción de THE MOTHERS.

¿Calmar una rabieta de tu hijo pequeño sin gritar ni castigar? ¡Es posible! Enseñar a nuestros hijos a exteriorizar sus emociones y aprender a gestionarlas es probablemente una de las tareas mas difíciles en nuestro trabajo como padres. Pero es un reto al alcance de todos. Te damos las claves para conseguirlo, sin perder los nervios.

Gritar no sirve de nada

Es posible que sea la reacción más habitual e impulsiva, pero hay que recordar que gritar a los niños no sirve absolutamente para nada. Menos aún, recuerdan los expertos, cuando los padres ordenan a puro grito a sus hijos que no chillen. Lo más probable es que el niño se bloquee en los decibelios (mi padre o madre me están gritando), pero no en el mensaje. Gritar demuestra además una falta de autoridad, y eso, los niños lo perciben al instante.

¿Cómo calmar a un niño según su edad?

Es evidente que un bebé de 2 años no se calmará con las mismas herramientas que un niño de 7 o 12 años. Durante los "Terrible two" (periodo que va desde los 18 meses hasta los 3-4 años), las rabietas son frecuentes. La mejor actitud es mantenerse lo más tranquilo y constante posible. Para esta etapa, las distracciones (por ejemplo, hacer creer al pequeño que ha visto volar un pajaro de color azul, y proponerle ir a buscarlo juntos) y la comunicación sencilla son los mejores aliados. Mostrar interés y ser cariñoso debería resolverlo todo.

A partir de los 6 años comienza el periodo que los psicólogos llaman “la adolescencia infantil”. Las rabietas suelen darse en casa, en un entorno donde el peque se siente seguro. Y suelen estallar por poca cosa, un detalle que les desestabiliza, provocándoles ansiedad, frustración y cambios de humor.

Las rabietas suelen durar poco. Para ayudar a tu jojo a calmarse, le puedes enseñar a controlaro su respiración y, por lo tanto, su ritmo cardíaco. Invítale a acurrucarse a tu lado. Los abarzos siempre funcionan. Una vez tranquilo, podéis hablar de lo sucedido y buscar juntos una solución.

Marcar un ritmo sereno y estable

Los niños se irritan con facilidad si sus ritmos y referencias no son claros y constantes: la falta de sueño, la excitación por culpa de las tabletas, los planes improvisados no explicados con antelación… y la tensión sube de nivel. Cuando la rabieta estalla y un padre se siente desbordado, es importante pasar el relevo.

En resumen…

Cuando un niño se enfada, a menudo ya no sabe cómo salir de esa espiral porque está abrumado por sus emociones. Para ayudarlo, hay que desviar su atención, proponiéndole por ejemplo beber un vaso de agua, ir a mirar afuera, hacer una actividad física… Todo ello le ayudara a canalizar su energía. Sólo entonces se puede abrir el diálogo, conversar frente a frente, con contacto visual y armarse de paciencia hasta la próxima tormenta.



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