¿Funciona la educación positiva con los adolescentes ?
Escrito por la redacción de THE MOTHERS.
La gran mayoría de los padres con hijos adolescentes se enfrentan a un sentimiento de falta de autoridad o de fracaso cuando emplean el mismo modelo de educación positiva que funcionaba cuando sus hijos eran pequeños. Pero, ¿por qué ahora que son adolescentes esas mismas herramientas ya no funcionan ? Lo analizamos.
El modelo “positivo”
La educación positiva es un modelo educativo basado en la amabilidad, la firmeza y el respeto mutuo, que excluye los castigos, los gritos, los chantajes, los insultos o el uso de cualquier tipo de violencia física o emocional. La educación positiva se centra en los puntos fuertes del niño en lugar de corregir sus defectos o debilidades, fomenta la empatía y la resiliencia, brinda apoyo emocional y establece límites claros en la relacion padre-hijo.
La educación positivia es por lo tanto un modelo poderosísimo para fomentar el bienestar y el desarrollo integral de nuestros hijos, pero se tambalea con nuestros adolescentes. ¿Por qué ?
Primero, porque un adolescente no es un niño pequeño. Los padres representan para el niño la seguridad. El niño coopera cuando le explicas las cosas o le pides que haga algo. Se siente feliz de estar a la altura. Hablar, argumentar las cosas funciona, porque le ayuda a integrar los valores, las reglas y los límites. Los padres son su referente. Depende de ellos.
Pero un día, tu hijo pequeño se convierte en un adolescente. Y todo aquello que antes valía : explicar, negociar, pedir con amabilidad… simplemente ya no funciona.
Cuando llega la adolescencia
Tu hijo adolescente descubre que aquellos brazos que antes le servían de refugio se le han quedado pequeños, y que ahí fuera hay todo un mundo por explorar. Ahora, tiene demasiado que hacer (con sus amigos), demasiado que mirar (en las pantallas), demasiada necesidad de descansar (en su cuarto), demasiada necesidad de arreglarse… como para hacer o recordar lo que le pediste. Y poco a poco te va dejando de lado.
La falta de entendimiento lleva a muchos padres a sentirse decepcionados, sobrepasados en su relación con sus hijos adolescentes, a pensar que han perdido su « autoridad » como padres y que la educación positiva no sirve.
El problema, sin embargo, no está en el método de la educación positiva. El problema es que los padres aplican el modelo de educación positiva que les valió cuando el niño era pequeño, ahora que es mayor.
Los estudios en neurociencia explican que en la adolescencia, el cerebro es especialmente sensible a la búsqueda de recompensa inmediata y a la influencia de los semejantes (los amigos), mientras que las áreas implicadas en la anticipación de consecuencias y el control inhibitorio todavía se están desarrollando. Es decir : tu adolescente entiende lo que le dices… pero no pasa fácilmente a la acción. Y, sobre todo, discutir más no va a reforzar vuestra relación. Al contrario, la debilita.
La educación positiva debe por lo tanto evolucionar y adaptarse a una etapa de desarrollo completamente diferente. Por ejemplo, aplicando el llamado «dar y recibir» : cuando hagas tus deberes, podrás usar el teléfono. Y esto no es chantajear. Se trata de ofrecer un marco externo estructurante que ayude al adolescente a jerarquizar, a organizar sus elecciones y a darle los límites que necesita. Con apoyo, comprension y respeto.
Resumiendo…
Menos negociación, más claridad.
Menos explicaciones interminables, más reglas no negociables sobre lo esencial.
Menos control directo, pero consecuencias conocidas de antemano.
La adolescencia es un período exigente para los padres. No pienses que si esta etapa te agota, te desconcierta o te pone a veces al límite, es porque lo estés haciendo mal. Los adolescentes están desorientados… y desorientan a sus padres. Nos dejan perplejos, nos hacen dudar y, a veces, despiertan en nosotros el deseo de levantarnos, retomar el control, o, por el contrario, tirar la toalla. Es normal. La adolescencia es una etapa de profundos cambios, no sólo para ellos, sino para toda la familia.
Pero esta etapa no es un caos sin sentido. Es una fase de transición necesaria, durante la cual el cerebro aprende a articular autonomía, responsabilidad, emoción y relación. Una fase en la que el adulto ya no es un copiloto permanente, sino que se convierte progresivamente en un referente sólido, a veces silencioso, a veces firme, a menudo puesto a prueba. Así que si te sientes mal porque tu adolescente te opone resistencia, no es contra tí: es hacia sí mismo.
Y muy a menudo, entender esto es quitarse un gran peso de encima. •