Roadtrip en familia: el norte de Portugal en camper
Escrito por la redacción de THE MOTHERS.
Hubo un tiempo en que viajar era sinónimo de mirar por la ventanilla, perderse por carreteras secundarias y dejar que el mapa dictara el próximo destino. En THE MOTHERS, reivindicamos ese espíritu libre y nostálgico con una ruta en furgoneta camper por el norte de Portugal. Entre playas esculpidas por el viento, pinares infinitos y aldeas de piedra, descubrimos por qué el verdadero lujo de viajar con niños no está en el destino, sino en disfrutar del camino.
El Parque Nacional de Peneda-Gerês: Bosques de cuento y pozas secretas
Nuestro viaje comienza donde termina la prisa de las autopistas. Al adentrarnos en el corazón verde del norte luso, las prisas dan paso a un paisaje primigenio de caballos salvajes y aldeas de piedra, que parecen haberse detenido en el siglo pasado. Peneda-Gerês es un templo de biodiversidad que desafía el ritmo precipitado de la vida urbana.
Para los niños, este parque es una lección de geografía viva donde solo importa la textura del musgo, el olor a tierra mojada y la búsqueda de pozas secretas de color esmeralda. Viajar aquí en camper nos permite habitar el bosque desde dentro, despertando con el sonido del río y enseñando a los más pequeños que los mejores refugios son aquellos que guardan historias grabadas en la roca.
El sendero secreto: Evita las zonas más masificadas y dirígete con la camper hacia la aldea de piedra de Ermida. Desde allí, arranca una caminata corta y accesible para niños pequeños que lleva hasta la Cascata do Arado. Las pasarelas de madera permiten observar la caída del agua de forma segura.
Un baño esmeralda: Si viajas en los meses cálidos, haz una parada en las Pozas de Fecha de Barjas (también conocidas como las cascadas de Tahiti). El acceso requiere calzado cerrado, pero las piscinas naturales de roca rodeadas de pinos son el lugar perfecto para un picnic.
Pernocta camper: El Camping Ermida Gerês es un refugio rústico y sombreado, perfecto para aparcar la furgoneta, encender una guirnalda de luces LED por la noche y escuchar el silencio del bosque.
Viana do Castelo y Afife: Pasarelas infinitas y el rugido del Atlántico
Dejamos la montaña para buscar la línea de la costa atlántica en una de las ciudades marineras más elegantes y menos masificadas del país.
La playa de los pequeños surfistas: Conduce diez minutos al norte de Viana hasta la Praia de Afife. Es una playa inmensa de arena blanca y fina, flanqueada por dunas protegidas. Cuenta con una red de pasarelas de madera ideales para recorrer con carritos de bebé o bicicletas. Aunque el Atlántico norte es frío, las rocas de la orilla forman pequeñas charcas templadas al bajar la marea, un paraíso para que los niños busquen cangrejos y conchas.
Un mirador de época: Sube con la furgoneta hasta el Santuario de Santa Luzia. Más allá del interés arquitectónico, las vistas de la desembocadura del río Lima son espectaculares. Justo detrás, los niños pueden explorar las ruinas de la Citânia de Santa Luzia, un antiguo poblado celta.
La merienda obligatoria: En el centro histórico de Viana do Castelo, haz una parada en la mítica Pastelaria Confeitaria Natário para comprar sus famosos Berlineses (berlinesas rellenas de crema de huevo espolvoreadas con canela) recién hechos. Tómalos calientes sentados en un banco del paseo marítimo.
De Matosinhos a las dunas cromáticas de Costa Nova
Continuamos el descenso hacia el sur de Oporto para descubrir cómo la cultura marinera se abraza con el diseño y el color.
Pescado al carbón en Matosinhos: Haz una parada a la hora del almuerzo en la Rua de Heróis de França, en Matosinhos. Esta calle es famosa porque los restaurantes sacan las parrillas de carbón directamente a la acera. Comer una lubina o unas sardinas asadas en una mesa exterior, viendo el humo y el trajín de los pescadores, es una experiencia sensorial y cultural que los niños recuerdan siempre.
Las bicicletas en la ría de Aveiro: Pon rumbo final hacia Costa Nova do Prado. Esta península es famosa por sus palheiros, las antiguas cabañas de pescadores pintadas con rayas verticales de colores vibrantes (rojo, azul, verde). Alquila unas bicicletas familiares y recorre el carril bici llano que bordea la ría de Aveiro.
El rincón salvaje: Termina el viaje en la Praia de la Barra, donde se encuentra el faro más alto de Portugal. Disfrutad del final de roadtrip mientras el sol se esconde tras el faro, sellando un viaje donde el único tiempo que importó fue el transcurrido sin prisas.
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