“BoyMom”: el fenómeno viral que abre el debate sobre cómo educamos a nuestro hijos
Escrito por la redacción de THE MOTHERS.
Durante meses, las redes sociales se han llenado de vídeos de madres agotadas enseñando salones destrozados, niños saltando desde el sofá o escenas domésticas convertidas en comedia bajo un mismo hashtag: #BoyMom. Lo que empezó como una etiqueta aparentemente inofensiva para madres de hijos varones se ha transformado en un fenómeno cultural con millones de visualizaciones y una fuerte carga simbólica.
La tendencia ha abierto una conversación incómoda, pero cada vez más presente en familias y escuelas: cómo estamos criando a los niños y qué modelo de masculinidad se les transmite desde la infancia.
En redes, las boy moms se presentan como madres de niños “intensos”, “salvajes”, “caóticos” y emocionalmente inseparables de ellas. Pero detrás del humor y de la estética viral, psicólogos, educadores y expertos en género llevan tiempo alertando de algo más profundo: el regreso de estereotipos masculinos tradicionales disfrazados de contenido cotidiano.
Qué es ser una “boys mom”
El término nació en blogs y foros de maternidad anglosajones a principios de los años 2010, pero explotó definitivamente con TikTok. Hoy, el hashtag #BoyMom acumula millones de publicaciones relacionadas con maternidad, crianza y vida familiar.
En su versión más inocente, la etiqueta funciona como una forma de comunidad entre madres de hijos varones. El problema aparece cuando esa identidad se convierte en una narrativa rígida: “los niños son brutos”, “los chicos no hablan de emociones”, “serán hombres antes de tiempo” o “los hijos varones quieren más a sus madres”.
Una parte de todo ese contenido viral reproduce la idea de que los niños son emocionalmente menos complejos que las niñas y que ciertos comportamientos masculinos deben tolerarse porque “son cosas de chicos”.
El debate ha crecido especialmente tras los vídeos en los que creadoras de contenido afirman que sus hijos varones eran “el único hombre que nunca las decepcionará” o hablaban de ellos como si fueran futuras parejas emocionales.
El problema no son los niños sino cómo los educamos
Una vez más, el fondo de la cuestión reside en la educación: niños y niñas siguen recibiendo mensajes estereotipados desde edades muy tempranas. Incluso entre adolescentes educados en contextos aparentemente igualitarios, persisten modelos de masculinidad dominados por la competitividad, el control emocional y la necesidad de demostrar fortaleza.
Ese patrón social, se ve también en las aulas. Diversos estudios sobre coeducación muestran que a los niños se les permite más impulsividad y agresividad, mientras que las niñas son reforzadas por conductas relacionadas con la empatía, la organización y el autocontrol.
La diferencia aparece también en los resultados académicos. En España, las chicas tienen mejores resultados y menores tasas de abandono escolar. Algunos especialistas relacionan parte de esa brecha con modelos tradicionales de masculinidad que siguen considerando que mostrar esfuerzo académico resta estatus masculino.
En paralelo, expertos en salud mental infantil advierten de que muchos niños siguen creciendo con menos herramientas emocionales que las niñas. La dificultad para expresar tristeza, miedo o vulnerabilidad continúa asociándose a debilidad masculina en numerosos contextos familiares y sociales.
Redes sociales, maternidad y masculinidad
La explosión de las boy moms también refleja otro fenómeno más amplio: la maternidad convertida en contenido digital. Muchas madres utilizan las redes sociales para construir una identidad propia, una comunidad y, en muchos casos, monetizar su experiencia cotidiana. Esa exposición constante también transforma la crianza en espectáculo.
El gran cambio: criar niños emocionalmente distintos
Más allá de las redes, el fenómeno boy mom refleja una preocupación real de muchas familias: cómo educar hombres emocionalmente sanos en una época marcada por la polarización digital, los discursos extremos sobre masculinidad y la presión social.
La clave es seguramente el diálogo, hablar abiertamente de consentimiento, gestión emocional, igualdad o salud mental masculina. Porque el debate ya no es solo si los niños son más inquietos o más físicos que las niñas. La pregunta de fondo es otra: qué tipo de hombres queremos que sean. Y ahí, lejos del ruido de las redes, se está librando una de las batallas educativas más importantes de esta generación.•
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